
Ridley Scott es un director capaz de lo mejor y lo peor, como demuestra su extensa filmografía. Con películas como Blade Runner, Gladiator, Thelma&Louise, Black Rain, 1942, Alien, o las más recientes Un Buen Año o Los Impostores, Ridley Scott muta cada vez que cambia de género, y no teme enfrentarse a nuevos desafíos. Puede afrontar películas complejas no ya sólo por su trama si no por su gran envergadura o presupuesto, así como involucrarse en una historia más intimista o sencilla. Pero desde luego, si algo abunda en su carrera son las películas arriesgadas, controvertidas.

Su trabajo como director ha pendido de un hilo en más de una ocasión, debido al riesgo de películas como Alien, Blade Runner, El Reino de los Cielos, etc… Pero aunque la crítica le ha vapuleado en más de una ocasión, y alguna película no ha tenido la aceptación esperada, siempre se ha recuperado con grandes taquillazos, en los que demuestra su destreza no sólo en el manejo de la cámara y la tensión, sino el mimo con el que trata a los personajes de sus películas o la cuidada ambientación que poseen todos sus films. Tormenta Blanca, 1492, La Teniente O’Neil, Los Impostores, El Reino de los Cielos o Un Buen Año, no funcionaron en Estados Unidos, y algunas con suerte salvaron el presupuesto por los pelos gracias a la recaudación en el resto del mundo. Pero nunca han sido películas “malas” (exceptuando en mi opinión “El Reino de los Cielos“, que me parece una basura en cuanto a su planteamiento y desarrollo; pero para gustos los colores). En cada una de sus películas podemos ver detalles de su calidad como cineasta, y siempre se ha recuperado de estos batacazos en taquilla con peliculones que funcionan de manera espectacular entre el público, como Alien, Black Rain, Gladiator, Hannibal, y la más reciente American Gangster.
American Gangster es un film duro, no ya por sus 2 horas y media de metraje, sino por sus personajes. La moralidad que plantean los personajes principales, Denzel Washington y Russell Crowe, es inevitable que llegue al espectador y le plantee dilemas, ya no sólo fuera de la pantalla, sino en la aceptación de los propios personajes Frank Lucas y Richie Roberts.
La película nos retrata como un peón de la mafia de Nueva York llega a lo más alto. Y lo consigue sin llamar la atención: con talento, riesgo, y cautela al mismo tiempo. Frank Lucas (el personaje que interpreta Washington), sirve a un mafioso. Cuando este muere, no soporta el cinismo de las demás familias mafiosas, que aunque presentan sus respetos, tienen como única intención hacerse con el patrimonio del fallecido y ocupar todos sus negocios, principalmente el de la droga. Así que Lucas, en lugar de echarse atrás, toma la ofensiva y decide ocupar el puesto de su mentor: según él, no sirve a nadie, no es ninguna corporación, simplemente un hombre de negocios, apartado de las demás familias con las que no quiere tener nada que ver, y discreto como para que los federales no fijen sus ojos en él.
Así, Lucas decide abastecer las calles de Nueva York de la mejor cocaína posible y al mejor precio posible, saltándose los intermediarios. Esto lo consigue gracias a un contacto en Vietnam, e importando directamente la cocaína en vuelos militares, que adquiere una pureza elevadísima, y cuyo precio es mucho inferior al de la competencia. El “polvo azul” no tarda en inundar las calles, y Frank Lucas comienza a montar su imperio gracias a las grandes sumas de dinero conseguidas, y moviendo a toda su familia del sur junto a él.
Pero por otro lado está Richie, el personaje interpretado por Russell Crowe. Este agente de policía reniega de los cobros que prácticamente el 80% de los agentes de la ciudad realizan a los camellos y comerciantes para ganarse un sobresueldo. Richie no es un soplón y no delatará a ninguno de sus compañeros corruptos, pero no duda cuando se le presenta la ocasión en demostrar su entereza presentado como prueba de corrupción una suma de un millón de dólares encontrados en un maletero cuando seguían a un traficante, en lugar de apropiárselos. Se gana la espalda de todo el departamento, y la burla de muchos otros agentes y oficiales. Al mismo tiempo, Richie estudia derecho en su cruzada personal en favor de la justicia.
Cuando las drogas y la violencia se desbordan, los federales no dudan en acudir a Richie, un hombre sin trapos sucios y dispuesto a llegar hasta el final, para que investigue y desmantele el caos de corrupción y gangsterismo, reclutando a sus propios hombres y de manera independiente. Pero esta labor no consiste en perseguir camellos, sino recoger información y pruebas para desmantelar desde arriba a los grandes capos de las familias que trafican en la ciudad.
Ya que el imperio de Lucas se hace cada vez más grande, se le hace complicado mantenerse en el anonimato, y entre los celos de las demás familias y la cruzada personal de Richie, que den con él es sólo cuestión de tiempo.

La película comienza de manera sencilla y sublime. Los personajes están definidos de una manera excepcional y no tardamos en empatizar con ellos, aunque evidentemente, no compartamos o aprobemos todos sus actos. El problema de la película reside precisamente en su parte intermedia, que puede hacerse algo pesada. Pero es tan detallada la forma en la que se nos narra la evolución de las relaciones entre los personajes, los procesos por los que pasa la cocaína para llegar de las plantaciones de vietnam a las venas de los yonkis, pasando por los aviones militares, su empaquetación, distribución y recaudación, así como las investigaciones cautelosas que llevan acabo los hombres de Richie, la corrupción policial y política… que es muy probable que todo ese tiempo fílmico sea necesario para el pleno desarrollo de la trama: si no, sería otra película.
Los personajes son excepcionales, y el trabajo del guionista Zaillian, que ya nos ha maravillado con obras como Todos los Hombres del Rey, La Lista de Schilder o Misión Imposible, roza la perfección. Es de destacar (tal vez no tienen nada que ver pero son apreciaciones personales), las coincidencias entre estos personajes y otros que forman parte de la historia del cine.
Por ejemplo, el personaje de Lucas recuerda mucho (salvando las distancias), al personaje creado por Oliver Stone para Brian de Palma en ScarFace, Tony Montana (foto izq.), interpretado por Al Pacino. Evidentemente no son muy parecidos, pero en cuanto a su ambición son muy parejos. Son dos hombres que empiezan de la nada y quieren llegar arriba. Ambos están a la sombra de otro. La diferencia es que Lucas es discreto, talentoso, nada ostentoso e inteligente, y el personaje de Pacino es despiadado, cocainómano, prepotente y egocéntrico. Cada uno toma caminos diferentes.
También el personaje de Crowe, Richie, tiene similitudes con el personaje interpretado también por Pacino en Sérpico (foto der.), película de Sidney Lumet de 1973, en la que se narra la historia de un policía íntegro que no acepta sobornos ni cobros de camellos, como sí hacen todos sus compañeros, y al que todos le dan la espalda. Sérpico estudia para ser detective ya que cree en lo que hace y aunque no quiere delatar a sus compañeros, se ve incapaz de desarrollar su trabajo en un ambiente tan corrupto, en el que nadie está dispuesto a jugarse el pellejo por él, con presiones tanto en la comisaría, como en la calle y en política. Si habéis visto las películas, comprobaréis la similitud, aunque en todas los personajes acaban de manera muy muy diferente.
Pero la parte más sublime de American Gangster llega en los compases finales. Si no has visto la película no leas a partir de aquí el texto en azul hasta el siguiente párrafo.
Richie y sus hombres realizan una redada para atrapar a los hombres de Lucas con las manos en la masa, cortando un alijo recién llegado de Vietnam al que le seguían la pista. La secuencia es magistral, y a continuación, Richie detiene a Lucas al tener todas las pruebas necesarias que lo incriminan. Y es aquí donde se encuentra la mejor secuencia de la película (junto con el secuención en el que la madre de Lucas intenta persuadirle de que no mate al policía que les ha destrozado la casa. Vaya secuencia!!!!).

Volvamos al supuesto interrogatorio, en el que Richie se reúne en una habitación frente a Lucas, pidiéndole que colabore y testifique delatando a todos los miembros de la mafia. Richie y Lucas prácticamente no se conocen; hasta hacía bien poco no conocían sus actividades, pues ambos son discretos y serios en sus trabajos. Lucas intenta sobornar a Richie para tratar de eludir la prisión, pero Richie, hombre de principios, no cede, cosa que realmente Lucas acaba admirando, viéndose de alguna manera reflejado en él. Así que en un maravilloso toma y daca, en el que parecen jugar un partido de tenis en el que ambos se lanzan y devuelven pelotas, comienzan a conocerse, y se dan cuenta que aunque son polos opuestos de una sociedad y un sistema rotos, ambos tienen cosas en común que parecen unirles más que separarles. Ambos creen en algo y son honestos con sigo mismos y su entorno. Ambos están solos en su “trabajo”, donde no son aceptados por sus compañeros (en el caso de Frank Lucas mafiosos encolerizados y llenos de envidia y rabia, y en el caso de Richie Roberts, policías corruptos temerosos de ser delatados y conscientes de su integridad). Ambos corren peligro día a día por ser fieles a sus principios, y saben que en cualquier momento pueden recibir un tiro en la cabeza, tanto ellos como sus familias. Así que Lucas, consciente de lo que le espera, decide cooperar y sin ningún temor ni remordimiento, facilitar todos los datos posibles incriminatorios sobre las demás familias mafiosos de las que no quería saber nada y únicamente querían aprovecharse de él, y de todos los policías corruptos y matones que participaban. Finalmente, algo que no puede evitar ponernos una sonrisa en la cara, Frank Lucas es procesado, y Richie Roberts abandona la policía para ejercer la abogacía, y como primer caso, se encarga de ser el abogado defensor de Frank Lucas.

Impresionante, uno de los mejores finales que recuerdo, e incluyendo esta película como parte del 2007, una de las mejores del año sin duda alguna, y firme candidata a hacerse con más de un premio de la Academia. Puede que no en cuanto a dirección, pero en cuanto a Actor Principal y Guión de momento no tengo duda alguna, aunque hay que esperar a ver el trabajo de los Cohen en No Country for Old Men y del carismático Thomas Andersson en There Will Be Blood.
Para terminar, dos apuntes. Por un lado la labor actoral de Denzel y Russell, que fácilmente desarrollan una de las mejores actuaciones de sus carreras, aunque sin lugar a dudas, Denzel está muy por encima de Russell, no desmereciéndole como actor, que para el que escribe es uno de los grandes (ver El Dilema, película de Michael Mann de 1999). Por otro, destacar la acertadísima banda sonora, tanto la compuesta por Marc Streitenfeld como la inclusión de temas musicales de la época, que ayudan al desarrollo de la trama y a la unión de las secuencias perfectamente ambientadas. Por otro lado, aunque la labor de Ridley Scott es notable, tampoco llega a ser excepcional. Sí que es cierto, que las películas de Ridley no suelen ser ostentosas ni efectistas en ningún sentido, simplemente completas y perfectamente desarrolladas, por lo que ahí se halla su gran talento y su punto más fuerte. También es cierto que ha sido capaz de nuevo de renovar y rescatar un género que parecía menospreciado o relegado a la serie B, como es el cine de Gangsters, así como ya hiciera con Gladiator o Alien.
Joss
